Fotografía: Joan Vivancos
Hállome aquí en el puente,
camino solitario
embebido en tu recuerdo.
Gravita en mi memoria
—que a fuego está grabada—
la imagen de un ángel
sus alas alzando diciéndome adiós.
Candado, a cal y canto, constreñido
se encoge el corazón
de lluvia que ha pintado el sentimiento
por solo aquel momento que me conmueve aún.
Mis soles se encendieron
en rocío quemándose mi pecho
con llama de lo más bonito.
Se inflama todavía la pasión
de mi ánima rezándote en silencio;
desea fundirse con tu alma
—la venera la mía solitaria—
queriendo convencer a la razón.
Querida, nuestras huellas se borran del camino.

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