Anduve sin los pasos,
deshice mil caminos,
yo blandí banderas
sin la fuerza de los hados,
mis soles enojados
candaron la atalaya
que velaba mis sinos.
Las dudas devinieron
certezas que esfumaron
abrazos de un plumazo,
socavaron la esperanza
con cruel balanza
que pone en larga lanza
los gritos que clamaron.
Ecos acedos rompieron
montañas, secaron lagos,
quemaron las forestas.
Mares secas sin peces,
sin agua, sin sal, expuestas
a la sed que envenena,
deshicieron los piélagos,
regurgitaron cementerios,
desiertos de piedra y arena.
En las simas de la tierra
escupen los volcanes
lava, rocas y fuego.
Salen del infierno canes
hambrientos de condena.

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