Alondra bendecida por el cielo,
tu visión me fue ocultada.
La noche me embarga;
amarga es la sed del alma,
se alarga el deseo.
Sin tu iris,
sin tus pestañas,
me consume el anhelo
de la larga mañana.
Se cerraron los nudos,
los dones se envolvieron en celofán.
Mis dientes roen
duro pan
que trago,
que me ahoga
y sigo.
© Joan Francesc Vivancos Gallego

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