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07 abril 2016

Las partículas de Dios






Ella debiera leer a Leibniz

abriendo las ventanas de sus mónadas

al amor que es un dios aniquilado.

 

En cada trasquilón

de su corto hemisferio

hay un yogui famélico levitando

en el lóbrego tinte de la noche.

 

Ella arranca mechón tan disconforme,

espera averiar ese vínculo estéril 

haciendo composible lo humano y lo divino.

 

Atajó con siniestra mano

de su lacio cabello pelluzgones;

cicatriza en amoniaco los aromas.

 

Su mejor de los mundos es gustar

con el disgusto del desprecio 

engatusada en agrio vilipendio

(creó su dios un soplo de marido beodo).

 

Su mundo mira su rostro divino 

que se refleja en un vitral, 

escribiendo torcido el destino de su hija

dispersa en polvo de estrellas.

 

Universo insensato perfumado

con humo de incienso.

Hay charlatanes

vendiendo loción posafeitado 

al rasurado desamor.

 




10 comentarios:

  1. Por fín, se te hechaba de menos por aquí. Has vuelto a escribir y además de forma muy interesante. Gracias.

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  2. Metáforas que esconden lo cotidiano de la vida... Del amor o desamor, de ese momento, creo haber entendido donde se presenta el abuso de poder. Te felicito por la originalidad al llevarlo de manera tan sutil una historia tan mundana.

    Mil besitos.

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    Respuestas
    1. Tan cierto como la luz y las sombras. Muchas gracias por la sutileza. Mil y un besitos para ti.

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  3. Hola Joan, siempre es un gusto leerte.
    Saludos

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  4. Voy entendiendo el por qué, te diría, "si a un ebrio se le solicita no manejar por su propia seguridad y la del resto, a un Dios se le debería exigir estar al cien"
    Un abrazo

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    Respuestas
    1. La falta de Dios, asesinarlo, tal vez no ha llevado a callejones más oscuros. A veces me encaro con Él, otras le pido por los demás, nunca por mi.

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