Vence el sueño,
se orilla
a ese borde
que todo difumina.
Puede la noche
al verbo,
al silencio,
al gesto del beso.
Llega tardío
con esa prontitud
que llena un vacío.
—¿Quién amará a la Señorita Yvaine?
El día cerró la puerta,
no amaneció.
Despertó
confiada en los sentidos.
Entonó una canción
en tálamo
cubierto de rosas.
Confundió con mariposas
el roce de polillas.
El apego
hincó
su rodilla.
Cada paso
una huella.
Cada beso
un recuerdo.
Cada momento
un anhelo.
Cada distancia
un silencio.
He borrado los abrazos. Los nudos de las manos . El reloj no avanza. "© Joan Francesc Vivancos Gallego, 2010-2026. Todos los derechos ...