He cruzado las calles de lo excelso,
los jardines de palacios sin sombra,
he visto la luz en el camino.
Con caricias amanecían los sueños,
cabalgábamos por los valles del silencio
que gime entre sábanas
que nunca se doblan.
He conocido la desdicha de la lluvia
que no es lluvia,
que no bautiza.
He tenido la miseria por fortuna,
he cosido calcetines rotos
con la lengua y con mis uñas.
He comido el duro pan
que se encuentra en la basura.
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