Es un cinturón de lastre
que me arrastra al fondo
del deseo,
a esa mirada,
a esa sonrisa,
que abre la puerta del cielo.
Es tocar la brisa
con la punta de los dedos,
es caminar
por la senda del misterio
que se abre
cuando te veo.
Es llama que quema lo hondo:
la piel,
cada rincón de los huesos,
que se clava al corazón
como la boca al anzuelo.
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