Detrás de la cortina desde donde miraba
mi alma se perdía, honda, enclaustrada.
Andaba yo a tu lado queriéndote en silencio,
ansiaba asir tu mano
tras la pared esmeralda
que imponía la sombra
con su manto lunático.
Contigo paseaba sin saber
decirte cuánto habría de añorarte
al tener que ausentarme
para siempre de ti.
Cada día regreso
a ese gesto no dado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario