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El púrpura de la higanbana
en la húmeda sombría florecida
regala su color al funeral.
Las flores de la vida
nos obsequian belleza de su aroma
y frágiles esencias de la mortalidad.
La flor de la muerte japonesa
es arácnido arrebol que pendulea
en sendas de los días
y sedas de sombras.
Sus pétalos de sangre honoran
al que yace despertándose
en célico Vergel de lirio rojo araña.
Como atardecer de colorines
y curvilíneo arco iris
al verla nos conmueve su belleza.
Flor del infierno, divinal cortesía,
regalo de los Cielos,
presente que dibuja la memoria,
dádiva que siempre se merece.
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