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Un nudo de corbata en la garganta
la aprisiona, la aprieta y no la suelta,
con manos firmes que me sujetan
y retuercen suspiros que se escapan.
Me levanto, me siento, me incorporo;
deambulo por caminos y veredas,
mientras hablo, sumido en la tristeza,
guardando lo que acecha y no controlo.
Me detengo al final de lo que pienso,
aceptando que el tiempo no se para,
es mejor detenerse con el alma
cuando el cuerpo lo pide desde dentro.
Indiferente a todo cuanto valoro,
me sumerjo olvidando lo lejano.
Si el futuro me niega lo olvidado,
veré el presente con otros ojos.

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