Conviene aceptar la realidad
al paso justo que nos toca;
negarla es perderse en vano
de aquello que creemos trazado.
No siempre se combate a los elementos
ni se entra sin coste en la tormenta:
hay muros que crecen en silencio
dentro del giro más retorcido.
Como un huracán que arrasa cuanto toca,
insistir en la nada deja restos:
quedan los abrazos rotos,
aferrados a lo que nunca fuimos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario