Rozan las hojas mi cabeza
en ramas del color de la aceituna.
Al borde de la vacía carretera
se asoman las luces del alba.
Se ciernen las nubes,
se posan en los edificios;
duermen los sueños y los días.
Llevo llenos de nada los bolsillos
y rosas en mis manos sin espinas.
Siento la brisa suave
que me acompaña en mi camino;
colores regalan las endrinas.
Está puesta la vista
en un verde prado
que espera la miel
de tu sonrisa;
caravanas metálicas
pasan con sus luces.
¿Qué extraña melaza
tiene lo más complicado?
¿Por qué alimenta
las almas lo sencillo?
Sembrando se afianza cada paso
en la vista,
atrás dejamos
lo sórdido y lo oscuro.
Tus soleadas pestañas me trazan
la sencillez de tu mirada.

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