Volvía el gélido aire y me alentaba mejor.
Debajo se mostraba triste un solar
de bingo viejo derruido por las máquinas
con su tris, tras.
A enorme foso de tierra, piedra y losa, posaban
curiosas sus miradas quienes sin luto,
inertes subían a lomos del progreso,
excavando en su propio pasado.
Heredad de infame ruido, de regurgitados nidos,
mientras miraban las palomas sin entender nada,
solo miraban.
Miraban como destruían lo viejo, construían lo nuevo.
Otro edificio.
Palas mecánicas, hombres de Sol a Sol
borraban cimientos y sus muros.
Quedaba un hongo extenso bajo el Cielo
donde las esporas de hierro y cemento
levantarían otro techo. Mientras duró el silencio
contemplé como un sordo sigiloso
lo desgajado, tocando con mis dedos
en el aire los sonidos
de la arbolada apretada que estaban descepando.
¡Oh Dios mío!
¡Seguir oyendo quiero el arrullo de sus hojas!
¡Seguir mirando quiero el sepulcro de los muertos!
Es un lago seco, sus entrañas devoradas
para plantar a hoya cepellones sin almáciga
de nuevas raíces.
¡No se lleven la arboleda!
¡No arranquen las páginas del libro!
Agosto 2014-Septiembre 2024
No hay comentarios:
Publicar un comentario