Muchos versan el amor,
el que se tiene,
el que se tuvo.
Unos escriben enamorados,
desesperados,
ávidos de caricias de ternura,
de sexo,
de un abrazo que no sea a su almohada.
Gritan,
lloran,
rompen el labio.
Trazan versos largos,
lánguidos unos,
flemáticos,
enfermos de comprensión.
Otros maldicen
lo que alguien se pierde.
Los hay románticos,
barrocos
jugando con la rimas
como quien juega con fuego;
se queman
y queman a otros.
Bebo el agua,
lo apago.
Busco lo exacto,
guardo el libro
en su lugar.
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