Me resigno a lo cotidiano,
a lo esperable,
a lo que decanta la acción,
a la palabra que es dada,
al silencio que se omite
y que calla la garganta.
Me limito a contemplar,
a recibir esa efímera belleza de los días,
ese gesto,
la mirada,
aire que irisa la piel,
la piel del cuerpo y del alma.
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