Todo lo que quiero decir
aún no lo he pensado,
en este domingo que descanso
con la lluvia golpeando
el cristal de la ventana.
La vela encendida mira recta;
su llama no se mueve,
no oscila ni titubea.
Estática, reza
al Dios de los gentiles,
de los descreídos,
de los pobres hombres
que se perdieron en el camino.
La lluvia se calla y piensa;
piensa en no arreciar,
en persistir generosa y bondadosa
acrecentando los charcos que pisan
los que se perdieron,
los que rezan a un dios desconocido.
E impertérrita la vela
aumenta la luz de su dominio.
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