El silbato chirrió en la madrugada
distorsionando el sosiego,
la curación que es milagrosa,
que el enfermo precisa.
Antes de Laudes el yaciente impide
el descanso, e insistente vocifera
con un claxon en sus labios.
La guardiana le reprende en silencio
y retorna la calma del vacío.

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