Cloris y Céfiro, pintura de William-Adolphe Bouguereau.
En el bello jardín
Céfiro a Cloris toma por esposa,
arrancada por fin,
igual que del rosal la frágil rosa
que fragancia donaba
a la tupida y verdinosa algaba.
Vistiéndose de brisa
acercándose el viento muy despacio,
la nívea piel se irisa
con fulgor de finísimo topacio
de la diosa que toma
y envuelve en torno suyo aroma y sombra.
Ya Cloris desposada
trajo la Primavera con su dote,
que es arra tan preciada,
cara en cuanto de sí fecunda brote;
con lira clara y única
la melodia viste bella túnica.
En estos sus jardines
sopla Céfiro un hálito encantado,
y empiezan los festines
del amante veloz ya enamorado
y enlaza entre sus brazos
suspiros y dulzores a latigazos.
Su látigo dulcísimo
roza en el talle gentil de la diosa:
favonio lenísimo,
envuélvela en telaraña tan sedosa.
Queda Cloris prendada
en plácido poniente enamorada.
Los tallos del vivero
en hermosos vergeles han brotado
en haces de romero,
en ceniciento lirio muy delgado,
en lígrimo rosal
tan fino, con estoque de puñal.
Así los dos amantes
vestidos con el traje del amor
con mimos abundantes
besan el aire y donan su candor;
reparten su ventura
cubriéndose con grata vestidura.
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