photo credit: ConspiracyofHappiness via photopin cc
Paseo enfermo
asiendo el pañuelo
que tiño de roso.
Todo lo tiño
de un color enfermo
y salgo del cuadro
desde la tumba de mi otro yo.
Rompo los espejos
para no verme,
levo el ancla,
marcho.
Ahora veo el ocaso,
como un lienzo
manchado de sangre.
Signos son los esputos
de lo mucho
que aún te venero.

“fui tan diligente en mis deberes, escribí ni nombre en el corazón del laberinto mágico. Pero el polvo lo cabrío y no volví a hallarlo y solo el viento sabe dónde se encuentra, en el corazón del laberinto mágico” Neil Gaiman
ResponderEliminarNunca respondí, y debí hacerlo. Siempre das con las respuestas del laberinto mágico.
EliminarMe alegro que no te tragase el agujero, así puedo disfrutar de tus poemas.
ResponderEliminarTe lo agradezco Flora. Fue aquella una época en que había que tomar distancias, entre ellas, la del agujero negro.
Eliminar