Foto por Comstock en Freeimages.com
Es persistente la lluvia
igual que el beso ansiado
que roza el puro labio
con miel con que la libídine se endulza.
Es goloso el tintineo que se esvara
repicando a lo alto de esa torre
que nos mira desde el cielo.
Y la nube que navega la mañana
cierra el éter en un sobre
deslizándose por el firmamento.
La lluvia vuela como lo hace el pájaro
y planea con un ritmo poderoso
posándose en la tierra yerma.
Se encamina a la tierra como Lázaro
bautizando su agua lo oneroso
con rocío que desbórdase en la yerba.
Y sigue tintinando contándonos su gesta.
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