Sin nada que te arrastre,
prosigue tu camino;
no se ancla el deseo
ni se ata el destino
al muro firme
que separa nuestro sino.
Ni el viento puede,
con su traje clandestino,
soplar contra lo cierto,
contra aquello a lo que me encamino;
suelto las amarras,
con tacto que yo afino.
Siguiendo yo el mío,
continúa tu camino.
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