Una cura de sueño,
un paseo de eucaliptos,
un atardecer entre los lirios
para ser del mito el dueño.
Una hoja de papel,
un lapicero —nido de versos—,
una vuelta de revés
en lo recóndito del tiempo.
Una llave abriendo
de la mente la puerta,
un desahogo certero
en brazos del poema.
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