Imagen de Siegfried Poepperl en Pixabay
Te apoyaste en mi vientre
después de no vernos por un año
y sonaban los clarines con un eco
deshojando cada pétalo.
Los años pasaron, el viento y la lluvia,
el Sol del verano y la gélida nieve,
y hablamos tendido en el metro sentados.
Evoco tu pelo encrespado
con luz que bajaba
lentísimamente del cielo
lucido en colores tu talle.